Dermatitis atópica

La dermatitis atópica es la enfermedad crónica de la piel más frecuente a la que nos enfrentamos los pediatras de Atención Primaria, sobre todo en épocas más frías, ya que en verano suele mejorar. Aproximadamente un 10% de nuestros niños (incluso más en algunas series) la presentarán en algún momento de su infancia, aunque sólo unos poquitos pueden llegar a mantenerla en su época de adultos, por lo que suele mejorar con la edad.

Pero, ¿qué es la dermatitis atópica? 

Es una enfermedad inflamatoria de la piel, que aparece en personas predispuestas genéticamente. La mayoría de los niños que presentan dermatitis atópica tienen antecedentes familiares de atopia (padres/madres con eccemas, rinitis, conjuntivitis alérgica o asma).

Se trata de una piel sensible, con una barrera protectora alterada, con mayor sequedad, que la hace más vulnerable a las agresiones externas, por lo que precisa de un cuidado especial.

¿Cómo se manifiesta la dermatitis atópica?

Sobre esta piel sensible aparecen lesiones eccematosas, a veces edematosas (como con agua) y eritematosas (rojas), con microvesículas, cuyo síntoma más importante es el picor, que es lo que más afecta a la calidad de vida de nuestros niños. Presentan un picor (prurito) muy intenso que lleva al rascado continuo e inevitable, lo que puede empeorar el cuadro y producir lesiones de rascado y sobreinfecciones en la piel afecta.

Suele cursas de forma recurrente, en brotes, aunque hay niños que la padecen de forma crónica.

La localización de las lesiones es distinta según la edad, aunque suele presentarse de forma simétrica. En los lactantes aparece frecuentemente en la cara, respetando la zona alrededor de ojos, nariz y boca. Otros sitios donde se suele apreciar es en cuero cabelludo, orejas y dorso de las manos. Zonas más expuestas a las agresiones externas. En niños más mayores la localización más frecuente es en flexuras, sobre todo en codos y rodillas, aunque puede presentarse en otras zonas.

¿Cómo sé si mi hijo/a tiene dermatitis atópica?

Consulta con su Pediatra. Es una enfermedad que estamos muy acostumbrados a diagnosticar y tratar, y en muy pocas ocasiones es necesario remitir para valoración por parte de Dermatología, pues suele ir bien con un cuidado y tratamiento adecuados.

¿Cómo se trata?

Cuando se diagnostica un caso de dermatitis atópica es muy importante explicar a la familia en qué consiste la enfermedad e implicarlos en el tratamiento diario de la piel de ese niño y ante la posibilidad de nuevos brotes, ya que de esto va a depender la afectación en la calidad de vida de ese niño y su mejor respuesta al tratamiento.

Existen una serie de medidas generales que se pueden realizar para mantener la piel en las mejores condiciones posibles:

  • Evitar el aire caliente y la sequedad ambiental, ya que aumentan la sequedad y el picor de la piel.
  • La exposición solar suele mejorar los síntomas (siempre que no haya una quemadura solar, no nos pasemos). De hecho, en verano nuestros niños suelen presentar menos brotes y la piel parece más sana.
  • Usar ropa de algodón u otros tejidos suaves. Evitar el contacto de la piel con lana, plásticos, gomas u otros tejidos sintéticos. Evitar el exceso de abrigo.
  • Mejor ducha que baño, aunque si al niño le gusta mucho bañarse se puede realizar algún baño corto, de 5-10 minutos, con agua templada (evitar el calor excesivo), y emplear geles de avena, con pH ácido o aceites limpiadores sin jabón.
  • Hidratar la piel a diario con cremas emolientes aunque no estemos en brote. El mejor  momento para su aplicación es tras el baño. Se puede aplicar varias veces al día si se necesita porque la piel está muy seca.
  • Evitar jabones con perfumes o colonias.
  • Cambio frecuente de pañal.
  • Cortar las uñas para evitar lesiones de rascado.

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Durante los brotes habitualmente empleamos corticoides tópicos de baja o media potencia, aplicados una o dos veces al día, y suelen ir muy bien. Además hay que disminuir el picor y la incomodidad del niño si fuera necesario, con antihistamínicos orales a las dosis recomendadas para el peso. Si existe mala evolución o sobreinfección de las lesiones, vuestro Pediatra debería valorarlas para modificar o añadir otros tratamientos.

Pero tened en cuenta la importancia que tienen las medidas generales comentadas anteriormente, ya que pueden evitarnos brotes y mejorar la calidad de vida de nuestros pequeños.

Paciencia, besos y muchos mimos.

Pediatribu

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