Llega el frío… ¡y los catarros!

Con la llegada del frío comienza la etapa de los resfriados: la tos y la mucosidad que acompaña a nuestros hijos, como dicen algunas mamás, “hasta que llega el verano”.

Un catarro o resfriado consiste en eso, en un episodio de mucosidad, obstrucción nasal y tos que se produce frecuentemente en invierno. Puede acompañarse de otros síntomas como dolor de garganta, estornudos, fiebre, malestar general, dificultad para descansar, disminución del apetito… y esto no significa que no se vaya a curar sólo, ya que la mayoría de los catarros tienen un curso benigno y autolimitado (se curan sin tratamiento), porque están provocados por virus (se conocen más de 200 tipos distintos que pueden causarlos) y no existe un tratamiento específico para tratarlos. Se curan cuando se tienen que curar, y no podemos hacer nada para acortar su duración, solo podemos aliviar sus efectos.

Como regla general se suele decir que tienen “tres días de subida y tres de bajada”, es decir, tres días en los que los síntomas van a ir empeorando para luego ir poco a poco recuperándose. Si hay fiebre, ésta no suele durar más de tres días (la fiebre alta no es sinónimo de infección bacteriana ni de complicación). El dolor de garganta y la mucosidad pueden durar hasta una semana (los mocos a veces algo más), pero la tos a veces persiste hasta 2-3 semanas. El color de la mucosidad (transparentes, amarillos, verdosos…), la cantidad de los mismos o el cambio en las características de los mismos, tampoco indica normalmente complicación ni necesidad de tratamiento antibiótico.

¿Cómo se contagian los resfriados? ¿Cómo evitarlos?

Los catarros se transmiten de una persona infectada a otra sana a través de secreciones respiratorias (con la tos y los estornudos, o por objetos contaminados). No se contagian por ” salir al patio sin chaqueta” o por “dormir con el culo destapado” (aunque las bajas temperaturas en la nariz pueden hacer que nuestro sistema inmune no responda igual, ésta no es su causa). Como virus que son necesitan de una persona enferma para propagarse. En los niños pequeños se contagian más fácilmente porque tienen un sistema inmune aún “virgen”, si van a la guardería comparten juguetes y otros objetos con otros niños, además pueden tener contactos con niños de la familia (hermanitos mayores, primos…) o adultos que estén acatarrados, y hay más contacto directo con sus manos (a través de objetos o manos de personas enfermas) y su cara (al tocarles la cara o darles besos).

Hay que tener en cuenta que un niño que acaba de empezar la guardería o el colegio y, por tanto, no ha tenido contacto anteriormente con muchos virus, puede coger entre 5 y 8 resfriados en el curso. Pero esto suele ser en los primeros años y van mejorando en los años siguientes de su escolarización (va madurando su sistema inmunitario, adquieren defensas frente a infecciones ya pasadas, etc.).

Es difícil evitar que nuestro hijo coja un catarro, sobre todo si va al cole o a la guardería. Por nuestra parte podemos intentar impedir el contacto con personas acatarradas y lavarnos bien las manos antes de tocarlos (siempre es importante un buen lavado de manos para evitar cualquier contagio).

¿Cómo podemos curarlo?

Como ya hemos dicho, no podemos hacer nada. Muchos padres acuden angustiados en busca de remedios milagrosos que acaben con la tos y los mocos, pero éstos no van a acortar la duración de la clínica ni van a prevenir la aparición de complicaciones. Los catarros no se curan con medicinas, lo único que podemos hacer es aliviar algunos de los síntomas.

Los anticatarrales (antitusígenos, mucolíticos y combinados) tienen dudosa eficacia terapéutica y presentan un riesgo potencial de intoxicaciones en la edad pediátrica (es la segunda causa de intoxicación medicamentosa, después del paracetamol).

La FDA (Food and Drug Administration) en 2008 emitió la recomendación de evitar cualquier medicamento para la tos o el catarro en niños menores de 2 años (y advierte del alto riesgo de efectos adversos graves en niños, hasta los 11 años). En 2010, en Francia se prohibieron los mucolíticos en menores de 2 años. En Canadá, Reino Unido, Bélgica y Holanda se desaconseja su uso en menores de 6 años y no son de venta libre (siempre bajo prescripción médica). Sin embargo, en España estos medicamentos son de venta libre y muchas veces se dan sin consultar con el médico.

Por otro lado, el uso de antibióticos tampoco va a cambiar el curso de la enfermedad ni curan el catarro (hay que darlos sólo cuando sean necesarios y siguiendo las recomendaciones del médico que lo prescribe). Tomar antibióticos sin indicación es una irresponsabilidad ya que estaremos aumentando las resistencias frente a los mismos y es posible que cuando sean necesarios no nos sirvan para curar las infecciones bacterianas. Muchas veces habréis oído frases por el estilo de “¡pues yo me he tomado el antibiótico y en dos días estaba como nuevo!”, o “le he dado el antibiótico y en 24 horas se ha quedado sin fiebre”. Pues es posible, porque si es un catarro sin el antibiótico también se hubiese mejorado en 48 horas o se hubiese quedado sin fiebre cuando tocaba, pero está muy arraigada la tradición del milagro de los antibióticos que todo lo curan en nuestra cultura. Pero por favor, no hacerlo con nuestros pequeños.

Así que si vuestro pediatra considera que no hay que dar medicamentos no es por fastidiar, es porque realmente es lo mejor para nuestros niños con las evidencias actuales.

Entonces, ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Como ya hemos dicho anteriormente, nuestros cuidados van a ir encaminados a aliviar los síntomas y darles todo el cariño que podamos (como cualquiera, cuando están malitos necesitan más mimos y querrán estar acurrucados con los papis).

Para la mucosidad, lo mejor que podemos hacer son lavados nasales con suero fisiológico (o con preparados de agua de mar) antes de las tomas o de las comidas y antes del descanso (y a demanda si precisa), sobre todo en lactantes y niños pequeños que aún no saben sonarse. Se puede usar el aspirador nasal (“la pera”) sin abusar, una o dos veces al día máximo, ya que al aspirar corremos el riesgo de resecar la mucosa y que se produzca, de forma paradójica, más mucosidad. ¿Cómo hacer un lavado nasal? A veces no es sencillo porque a los niños no les suele gustar pasar por ese trago, aunque otras veces se dan cuenta de que les mejora y son ellos los que lo piden. Pasos a seguir:

  • Colocar al bebé o al niño de lado, con una toalla o un empapador bajo su cabeza, en un lugar plano (cambiador, cama…).
  • Evitar que el niño se mueva. Siempre que sea posible, sobre todo si el niño es nervioso, hacerlo entre dos personas para sujetarlo bien e impedir que se haga daño. A veces puede resultar útil envolverlo en una toalla si estamos solos.
  • Introducir suavemente la jeringa (con 1-2 ml de suero fisiológico en niños pequeños y hasta 5 ml en niños mayores) o el preparado por la fosa nasal que queda arriba. Echarlo con determinación.
  • Incorporarlo para que no se agobie y para favorecer la eliminación de secreciones. Se puede limpiar un poco con una gasita.
  • Repetir la operación por el otro lado.
  • Parte de los mocos y el suero se expulsan y otra parte se la tragarán. No pasa nada.

La tos, por lo general, es un mecanismo de defensa del cuerpo para expulsar las secreciones o cuerpos extraños y mantener la vía aérea limpia, por lo que no hay que cortarla (https://www.aepap.org/sites/default/files/documento/archivos-adjuntos/decalogo_tos.pdf). Los tratamientos antitusígenos no tienen eficacia demostrada y no deben usarse en niños menores de 6 años. Los remedios caseros sí que pueden emplearse, por ejemplo, la miel (en mayores de 2 años por el riesgo de Botulismo) en una cucharada o acompañando a un zumo de naranja o a la leche calentita. En casos seleccionados (por ejemplo, en niños mayores con tos irritativa que no les deja dormir o que les produce el vómito) es posible que el médico valore si es necesario poner tratamiento, pero sólo por la noche para favorecer el descanso, el resto del día es mejor dejar actuar a la tos.

El dolor de garganta, el malestar general y la fiebre (http://www.aepap.org/sites/default/files/decalogo_de_la_fiebre_folio_.pdf), se pueden tratar con paracetamol o ibuprofeno.

Es importante mantener una hidratación adecuada, ofreciéndoles líquidos de forma frecuente (importante siempre pero cuando están malitos más).

¡No quitar la leche! La leche no produce más moco. Es un falso mito que está muy extendido incluso en la actualidad, pero no es verdad. No hay ningún estudio que haya correlacionado la duración del catarro ni la cantidad de mucosidad con la ingesta de leche. Y sobre todo en niños menores de dos años es un alimento esencial en la dieta diaria.

¿Cuándo debemos acudir al pediatra?

Sobre todo cuando creamos que puede haber alguna complicación. Por ejemplo si la fiebre dura más de 3 días o asocia dolor de oídos o secreción (¿otitis?), si vemos que comienza con dificultad para respirar (¿bronquitis o neumonía?), si la mucosidad espesa amarilla-verdosa dura más de 10 días (¿sinusitis?), o si vemos al niño decaído. Los lactantes menores de 3 meses es aconsejable que sean valorados por su pediatra.

Lo más importante es usar el sentido común, somos quienes más conocemos a nuestros hijos y los niños en seguida trasmiten si están mal. Pero ante cualquier duda siempre es mejor consultar.

Pediatribu

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