Dolores de crecimiento

Lo que solemos llamar “dolores de crecimiento”, son molestias que no sabemos exactamente por qué ocurren, pero como se dan en la etapa infantil, son benignos (no hay ningún problema detrás), y su curso es autolimitado (se van igual que vinieron), los llamamos así.

¿Cuándo aparecen los “dolores de crecimiento”?

Suelen aparecer en niños entre los 2 y los 12 años, no coincidiendo exactamente con las etapas de mayor crecimiento. Ocurren con bastante frecuencia, hasta el 20% de los niños y niñas de entre 4 y 8 años pueden padecerlos. Son un poco más frecuentes en niñas que en niños, sin que se haya demostrado una clara predisposición por sexos.

Pueden aparecer tras un día de mucha actividad: tras trepar, correr, saltar, o tras haber realizado una actividad física más intensa de la habitual, aunque otras veces no observamos este desencadenante.

¿Cómo  es el dolor?

Se trata de un dolor intenso, que se instaura de forma súbita, brusca.

Aparece al final de la tarde o en la noche, y a la mañana siguiente se suele haber solucionado.

Los niños lo localizan generalmente de forma difusa en las piernas, en muslos, pantorrillas, espinillas o detrás de las rodillas. A veces pueden notarlo en brazos, aunque lo más frecuente es que sea en las piernas y en zonas musculares (y no en las zonas de crecimiento de los huesos ni en articulaciones).

Suele ser bilateral, que afecta a ambos miembros y de forma simétrica.

Ocasionalmente el dolor es tan fuerte que los despierta por la noche y pueden hasta llorar de lo mucho que les molesta.

Los niños más mayores lo describen con un dolor tipo “calambre”, “palpitación” o como un “dolor interno” muy fuerte.

Lo bueno es que ese dolor, igual que viene se va. Puede durar una o dos horas cada episodio, y a veces se repiten en el tiempo durante meses (a veces hasta años) pero no todos los días, sino de forma esporádica.

¿Qué podemos hacer para aliviar su dolor?

Podemos tranquilizarles, estar a su lado. Aplicar un poco de calor a veces les ayuda, al igual que darles un masaje de forma suave en la zona, o acariciarlos.

Si el dolor es muy intenso o tarda en mejorar, podemos dar analgésicos habituales, como el paracetamol o el ibuprofeno.

¿Cómo diagnosticamos el dolor de crecimiento?

Os haremos preguntas sobre las características del dolor, su localización y duración, y exploraremos al niño.

No es necesario que realicemos más pruebas para llegar al diagnóstico.

¿Cuándo se debe acudir al pediatra?

Pues como siempre os digo, cada vez que tengáis dudas es bueno que consultéis con vuestro pediatra.

Pero además, deberíais consultar si el dolor:

  • Ocurre con mucha frecuencia o la intensidad va en aumento
  • No desaparece durante el día
  • Se localiza en las articulaciones y no en los grupos musculares
  • Es unilateral, es decir, se da en una sola pierna o en un brazo
  • Se acompaña de debilidad, fiebre, malestar, o cualquier otro síntoma que se salga de lo habitual

Y ya sabéis

Paciencia, besos y muchos mimos

Pediatribu

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