Mi parto en tiempos de coronavirus

No imaginaba que llegarías al mundo en un momento como este. ¿Quién iba a pensar que una pandemia podría acabar con nuestras rutinarias vidas de un plumazo? ¿Cómo creer que algo así iba a tocarnos en un momento tan especial como es el nacimiento de un hijo?
Mi mente se negaba a que lo primero que vieras de este mundo fuera miedo, soledad y muerte.

Y no ha sido así.

Os voy a contar mi parto en tiempos de coronavirus. Porque todo va a salir bien. Aunque las nubes negras se posen sobre nuestros pensamientos con más frecuencia de la que querríamos admitir. Porque la vida es esperanza. Y nosotras vamos a traer o hemos traído la vida cuando el mundo más la necesitaba. Aunque sé que algunas mamás lo han tenido que pasar muy mal por culpa de protocolos incoherentes y humanamente incomprensibles. Pero no todo es así, y por suerte cada día menos. Todo eso está en continua revisión. Porque no queremos parir solas, ni que nos separen de la vida que acabamos de traer a este mundo loco.

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La historia de mi parto en tiempos de coronavirus

Llevábamos unos 5 días esperándote. Lo mismo empezaban las contracciones con fuerza y pensaba que era el momento, que al minuto siguiente todo se paraba y ni rastro de parto. No sabía si la dicotomía mental de que quería que nacieras pero este momento no era justo, podía estar afectándote. Tanto miedo, tanta soledad que se escuchaba… ¡Pero claro que quería que vinieras! Tenerte entre mis brazos y ver por fin tu cara. Enamorarme otra vez. Saber que estabas bien y sentirte sobre mi pecho.
Y por fin llegó el día, aunque como todo en estos tiempos, no fue como yo había planeado. Pero igual tú si, porque no pudo ser mejor.
De repente noté como que se me escapaba el pipi. Fui al baño y había un goteo que no paraba. Por lo que nos duchamos y arreglamos, y nos fuimos a urgencias con sospecha de bolsa rota.
Al llegar allí nos esperaba un termómetro láser para medir nuestras temperaturas (la mía y la de mi marido) sin contacto alguno. Di los datos y me hicieron un monitor (sin acompañante, pero las enfermeras y auxiliares no podían ser más amables y buenas) donde habían pocas contracciones. Me ofrecieron quedarme allí a esperar a que me explorara el ginecólogo o ir a la sala de espera. Yo solo quería estar con mi marido. Pasar los nervios a su lado, pasear por la sala y hablar de cualquier cosa, así que salí fuera. Cuando me llamaron para la eco, parecía que la bolsa si estaba rota porque quedaba poco líquido. Me pusieron el famoso Propess (prostaglandinas para favorecer el inicio del parto), y me subieron a planta (con mi marido) . Más o menos a la hora, las contracciones ya eran bastante seguidas y dolorosas, y me bajaron a paritorio con 4 cm. Me pusieron la epidural. Entregué mi plan de parto, aunque muchas cosas ya se me habían torcido, otras sí que podríamos llevarlas a cabo… Y me dieron el visto bueno. No había ningún problema. 
Tuve mucha suerte, lo sé. Solo tengo palabras de agradecimiento para las matronas que estuvieron a mi lado. Que me explicaron todo e intentaron respetar al máximo mis deseos.

Me salto muchos detalles para que no se haga esto demasiado largo. Pero enseguida estaba “en completa” (dilatación completa) y sentía la presión para empujar. Ellas me guiaron. Hicimos pujos dirigidos para evitar el desgarro y la episiotomía. Me enseñaron como coronaba la cabeza de mi bebé en el reflejo de la lámpara quirúrgica, y cuando había sacado los hombros pude cogerla yo y terminar de sacarla y ponerla contra mi pecho. El papá cortó el cordón. Todo fue mágico, como debería ser siempre. A pesar de llevar todos mascarillas, no había separación emocional, y no noté el dichoso distanciamiento social.

Gracias, gracias y gracias por regalarnos un recuerdo así, a pesar de todo. 

En planta si que se notaba más el estrés, la incertidumbre y los nervios de algunos profesionales, aunque ya me daba un poco igual todo y solo quería ir a casa con mi hija, mi mayor regalo. Mi segunda hija. La hermanita que ha decidido nacer en tiempos de coronavirus. 

El papá lo pasó un poco regular para conseguir comida en el día y medio que estuvimos allí: cantinas cerradas, máquinas desabastecidas… Pero nos las apañamos (nos habíamos llevado un par de sándwiches y frutos secos) y compartimos. El acompañante puede salir, le dan un justificante por si lo pararan en algún control, pero nuestro papi no quería separarse de nosotras.

Si tenéis alguna duda que os pueda resolver, no dudéis en preguntar. Mi parto fue en el Hospital Clínico Universitaria Virgen de la Arrixaca, en Murcia. Sé de primera mano que en la región intentan seguir el mismo protocolo en todos los hospitales, y desean ofrecer partos en los que no sea protagonista el Covid-19.

Ahora estamos intentando encontrar todos nuestro lugar en casa. La hermanita mayor lo pasó un poco mal sin sus papás y ahora estamos en periodo de adaptación. Pero estamos juntos. Y juntos somos invencibles.

Besos, abrazos y muchos mimos. Ahora los necesitamos más que nunca. Aunque vengan a través de una pantalla o de unas letras mal escritas.

Mucho ánimo. Todo va a salir bien.

Pediatribu

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