Agitación del amamantamiento

La agitación por amamantamiento es una situación que puede ser muy dolorosa para las mamás lactantes, sobre todo si no saben de su existencia y que es bastante frecuente en algunas circunstancias especiales.

Cómo viene siendo habitual en el mundo de la crianza y la ma/paternidad, muchas mamás lo sufren en silencio, sintiéndose culpables por lo que les está pasando, por lo que podemos considerarlo un tema tabú del que poco se habla, cuando quizá la solución al problema esté en normalizar y compartir nuestros sentimientos.

¿Qué es la agitación del amamantamiento?

Consiste en un rechazo a dar de mamar a tu hijo. Es un sentimiento visceral e incontrolable, que escapa a la razón de la madre. Dar el pecho no resulta una situación placentera o agradable, sino todo lo contrario. Es una sensación de angustia, incómoda, que incita a cesar la toma cuanto antes, e incluso en ocasiones, a alejar al niño de tu lado.

Estas sensaciones generan en la madre un gran sentimiento de culpabilidad, sobre todo si no saben lo que es y de pronto te ves así: rechazando a tu hijo/a aunque lo amas con todo tu corazón, aunque quieres seguir dándole el pecho y tenerlo cerca, pero tu cuerpo sólo quiere salir huyendo y escapar.

¿Cuándo es más frecuente que aparezca?

Es relativamente frecuente cuando la mamá sigue amamantando durante el embarazo, sobre todo conforme va avanzando éste. También cuando se da lactancia en tándem (dar el pecho a niños de diferentes edades). El rechazo suele aparecer cuando mama el mayor. Además de en estas circunstancias hay mujeres que lo sufren con niños mayores, casi siempre por encima de los 2 añitos. A veces se hace más intenso en ciertos momentos del ciclo menstrual, como durante la regla o en la ovulación, y el resto del tiempo no les pasa.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero de todo tener claro que la lactancia es cosa de dos y debe de ser placentera para madre e hijo/a. Es algo demasiado importante y maravilloso como para acabar con sentimientos de culpa. Si piensas que es el momento de destetar, ¡adelante! Recuerda el regalo que os habéis hecho y celebra la lactancia vivida y, por qué no, celebrar también su terminación por todo lo alto.

Pero si quieres seguir dando el pecho también es posible. La mayoría de veces este sentimiento es transitorio o va “en rachas”. Puede verse influido por el estrés, la falta de sueño o el agotamiento físico, por lo que hay que tenerlo en cuenta.

Lo más importante que podéis hacer si os pasa, es normalizarlo ¡Cero culpas! Es algo incontrolable que ha surgido en vuestro interior, y eso JAMÁS va a convertiros en peores madres.

También puede ayudar mucho el compartirlo, hablarlo con quien de verdad os escuche sin juzgar. Cosa que en el entorno puede que no sea fácil. Si lo necesitáis acudid a grupos de lactancia, o contad vuestra experiencia por redes sociales, o donde se os ocurra (yo os puedo escuchar si lo necesitáis).

Con niños mayores, se puede dialogar y pactar las tomas, tanto en número como en duración (por ejemplo, “contamos hasta 10 y soltamos la tetita”).

Y también puede ser muy útil distraerse en ese momento. Leer, ver la televisión o el móvil… Cualquier cosa que os abstraiga de lo físico.

Mi situación…

A pesar de que he intentado un destete respetuoso en el embarazo, nos queda aún la toma de la siesta la mayoría de los días y, a veces, noto que el corazón se me va a salir del pecho y sólo tengo ganas de que suelte la teta cuanto antes. Cuando me encuentro con ese sentimiento me pongo al día con las redes sociales, leo algo o veo la televisión, y así consigo minimizar esa angustia (aunque no desaparece) . Cada una tiene que encontrar lo que más le ayude.

Solo me queda decir que paciencia, besos y muchos mimos.

Sois madres increíbles, fuertes y valientes. No os permitáis sentir lo contrario.

 

Pediatribu

2 Pensamientos

  1. Yo también pienso que es cosa de dos, y que la madre también tiene su derecho a decidir cuándo quiere ya dejarlo.

    A mí me pasó varias veces. Pero especialmente cuando me quedé embarazada de la peque… 😦 Como además estaba con las náuseas, es que hasta se me revolvía más aún el estómago… Hablé con mi hijo, y le dije que ya no podía más. Y así quedó ya la cosa.

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